Doña Senobia Gallardo: 103 años y una vida que camina junto a la historia de El Bolsón




 

Nació en El Manso en 1922, cuando El Bolsón todavía daba sus primeros pasos. Hoy, a sus 103 años, doña Senobia Gallardo es reconocida como una de las vecinas más longevas de la localidad y memoria viva de un pueblo que se prepara para celebrar su centenario.


La casa guarda ese silencio sereno de los hogares antiguos. Allí vive doña Senobia Gallardo, rodeada de recuerdos y de una historia que se confunde con la del propio pueblo. Interrumpimos apenas su tranquilidad para escucharla, sabiendo que cada palabra —y también cada olvido— forma parte de la memoria profunda de El Bolsón.

Senobia nació el 29 de julio de 1922 en El Manso. Cuando El Bolsón comenzaba a nacer como localidad, ella ya tenía cuatro años de vida. Su infancia transcurrió entre juegos, naturaleza y familias numerosas, en una época donde el tiempo parecía avanzar más lento y la vida se construía con esfuerzo y comunidad. “Jugaba, jugaba con tanta gente”, dice con sencillez, resumiento en pocas palabras aquellos años lejanos.

Los recuerdos aparecen de manera fragmentada, pero hay imágenes que permanecen: el arroyo que cruzaba cerca de la casa, los juegos de niña, el campo abierto. Según relatan sus familiares, a los 13 o 14 años la familia se trasladó desde El Manso hacia la zona de Mallín Ahogado, en tiempos en los que mudarse implicaba carretas, largos trayectos y una enorme decisión de vida.

Doña Senobia fue una de 14 hermanos. Hoy sobreviven cinco, dispersos en distintos puntos del país. Como ocurría con muchos nacimientos de la época, su inscripción se realizó lejos, en el Registro Civil de Ñorquinco, ya que en la región aún no existía. Por eso, su hijo Tito cuenta que no descartan que tenga incluso más de 103 años. “Antes juntaban a varios chicos y los anotaban todos juntos”, explica.


La vivienda donde hoy reside Senobia también es parte viva de la historia local. Fue construida poco a poco por su padre y tiene más de un siglo de antigüedad. Es una de las casas más antiguas de El Bolsón y todavía conserva parte de su estructura original, testigo silencioso del paso del tiempo y de varias generaciones.




Durante su juventud, Senobia trabajó como mucama y, con el correr de los años, conoció a don Gastaldi, su esposo, muy recordado en la comunidad por su paso por hoteles históricos y su trayectoria laboral. La vida los llevó por distintos destinos, pero El Bolsón fue siempre el lugar al que regresaron.

Su hijo Tito Gastaldi acompaña cada recuerdo con orgullo y emoción. Destaca la lucidez de su mamá, su fortaleza física, su andar pausado con bastón y su buen estado general. “Para la edad que tiene, está muy bien, camina, come bien, duerme bien. Estamos chochos de tenerla así”, dice con una sonrisa.

Tito también vuelve a su propia memoria y describe aquel Bolsón de calles de tierra, con un solo foco de luz en el barrio, donde los chicos jugaban a las bolitas, a la pelota o iban a pescar al arroyo. Recuerda los grandes árboles, las familias históricas, las carpinterías y los baldíos. “La historia de El Bolsón se hizo en pocas cuadras”, resume, señalando un pasado que hoy vive en los relatos.



A sus 103 años, doña Senobia Gallardo es mucho más que una vecina longeva: es historia viva de El Bolsón. En la antesala del centenario de la localidad, su vida recuerda que los pueblos no solo se miden en años, sino en las personas que los habitaron, los cuidaron y los recuerdan.












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