En el cierre de temporada, el río Carrileufu, en Cholila, confirmó una vez más que es uno de los ambientes de pesca excepcional de la cordillera chubutense: los lugareños Diego Boudargham y Mario Leichtveist capturaron dos truchas marrones de 3,500 y 4,800 kilos, respectivamente.
En este caso, utilizaron equipos de mosca con streamers diseñados especialmente para el lugar. Lógicamente, en su condición de pescadores deportivos, una vez capturados los peces y la obtenida la foto correspondiente, fueron devueltos a su hábitat.

Los lagos y ríos de Cholila, junto a otros de Río Pico, Trevelin y Corcovado, se destacan como atractivos potenciales para pescadores del mundo entero, con una vasta red de lodges y servicios de guías profesionales, y siempre brindan “sorpresas” con piques de buen tamaño.

A criterio de Diego Budargham, su pesquero favorito “es el lago Cholila, en la boca donde nace el río Carrileufu, ya que hay abundancia del salmón encerrado, además de arcoiris, marrones y fontinalis. Es uno de los lugares mejor cuidado y es normal que sean mañosas para el pique, porque habitualmente son pescadas y devueltas, pero siempre están. Incluso, para aquel que no pesca, es un verdadero deleite pararse en las bardas del río para observarlas. También es lindo mirarlas en la época del desove, ya que se ven las más grandes”.

“En realidad –agregó-, todo el curso hídrico, hasta su desembocadura en el lago Rivadavia, es espectacular para hacer flotadas. Cholila es un destino pesquero mundial y a lo largo de toda la cuenca me he encontrado con visitantes estadounidenses, japoneses, europeos y chilenos”.

También valoró “el delta del río Tigre, aunque es difícil llegar por la distancia y porque se trata de un camino exclusivo para vehículos 4x4. Es preferible hacerlo embarcado. Va muy poca gente y el paisaje es espectacular. Se pescan salmones, arcoiris y marrones de muy buen tamaño, es altamente recomendable”.

Acerca del tamaño de las piezas, recordó que “en la cabecera del lago Mosquito, a pocos metros del casco urbano, obtuve una marrón de 4, 500 kilos, aunque allí mismo han sacado truchas de hasta 6 kilos. Es una sensación muy especial porque es un pez que parece salir de la nada, entre las algas, toma la mosca y salta. Pelea mucho, son momentos realmente únicos que quedan grabados para siempre”.




Su criterio deportivo lo lleva a restituir las capturas, aunque cada tanto “sacrificamos algunas del tamaño plato, para degustar entre amigos. Es lo que recomienda el reglamento, ya que es importante devolver las más grandes porque son las reproductoras principales, aquellas que mejor cuidan los nidos y aseguran el recurso a futuro”, puntualizó.

Por último, recordó que el lago Mosquito “es un espejo donde la pesca deportiva está abierta durante todo el año, con abundancia de percas y pejerreyes patagónicos (especies nativas), que también hay en el lago Lezana. Es muy divertido capturarlos con ninfas o moscas secas. No son de gran tamaño (en promedio 20 cms), pero hay mucha cantidad, en un rato te haces una fiesta”.

Fuente Jornada









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