Nunca tan bien aplicada la expresión “Justicia injusta”, cuando las decisiones políticas socavan los derechos de los ciudadanos a través acciones basadas en intereses que nada tienen que ver con los ideales que se pregonan y mucho con lo que supuestamente se condena. 

Ese es el caso de la destitución de la jueza Érika Fontela, que ha sido víctima de un sistema autoritario, machista y retrógrado, que no pudo demostrar su capacidad para sostener un servicio de justicia acorde a las necesidades de la ciudad de El Bolsón y se escudó en las palabras “poco decorosas” de Fontela para correr de la escena a una magistrada proba, honesta, inquebrantable e incansable para trabajar.

Y no estaríamos haciendo estas afirmaciones si no hubiéramos recibido, durante todo el tiempo que estuvo la doctora Fontela en el Juzgado, comunicaciones oficiales ponderando, promoviendo y felicitando a la jueza por sus fallos “ejemplares”, relacionados con acercar la Justicia a ciudadanos y ciudadanas. 
Pero, extrañamente y contrario a cualquier lógica y en particular en estos tiempos, en lo que la Justicia parece no encontrar los caminos de acercamiento a las personas, sino por el contrario, con sus propios métodos y servicios o sistemas lo que produce es mayor alejamiento, se determina correr de su función a una magistrada que “está cerca de la gente”; “habla en lenguaje llano”; “trabaja en forma incansable” y “es un ejemplo en sus fallos”. 
  
Cualquiera podría decir que se trata de un mecanismo perverso de autodestrucción del Poder Judicial, puesto que si con tanto esmero se señala (quizás como modo de protección) que los jueces hablan por sus fallos, cómo puede ser que se desconozcan los fallos ejemplares y se la condene porque utilizó las mismas palabras que todos usamos (incluidos los jueces que la condenaron), todos los días y a cada instante. 

Es por eso que nos resulta imposible no expresarnos como vecinos, como ciudadanos y como integrantes del grupo Justicia Comarca, de familiares de víctimas de hechos de violencia, ante semejante abandono, desinterés y falta de respeto hacia nuestra ciudad, cuando la historia del Poder Judicial de Río Negro no brilla por su virtuosidad respecto del comportamiento de jueces y fiscales, que no solo han provocado daños inmedibles a las causas y en consecuencia a los familiares, sino que han provocado que el sistema goce de un descrédito que a veces se hace insostenible; cuestión que solemos padecer.

Y es por eso también que expresamos nuestro parecer, dado que la ausencia de respuestas concretas hacia la ciudadanía, por ejemplo: cuando se preguntó quienes eran los jueces que no enviaban los materiales al Juzgado para que funcione o quienes habían sido los jueces que abandonaron a la doctora Fontela cuando fue agredida con escraches o cuando le aflojaron las ruedas de su vehículo o por qué se utilizaron mal los métodos evaluativos para analizar el comportamiento de todo el personal en el juzgado o quién decidió que el Juzgado estuviera sin secretario o faltara personal. O por qué no se compara el resultado del trabajo durante el tiempo que estuvo Érika Fontela al frente de la institución (y sin recursos) con el presente, donde hay dos secretarios, se encuentran cubiertas todas las plazas; se han enviado los materiales de trabajo y no existe, en apariencias, motivos para que colapse como sucedió hace dos años. Todas estas preguntas que no fueron respondidas por el Poder Judicial ni por los responsables del sistema de Justicia y, por el contrario, nos han dado un cachetazo, propiciado desde el mayor desinterés, provocando un desapego atroz, pernicioso y peligroso, que nos lleva mucho más allá de la jueza Fontela, aunque se trata de un ejemplo que afirma con ahínco lo que venimos sosteniendo desde hace mucho tiempo. 
Ese proceder, en el que analizamos una forma de autodestrucción sin precedentes, que choca contra la propia propaganda del Poder Judicial, con la que intenta convencernos de la eficiencia, nos lleva a la decepción, aun cuando nos reconozcamos luchadores y luchadoras incansables por acercar la Justicia a las personas.

Pero, también, no reconocemos constructores de puentes que terminan en puertas que se cierran; en distancias que se multiplican y en esperanzas que se corroen por la injusticia de la Justicia. Por eso queremos hacer público nuestro parecer y apelamos a las autoridades nacionales de los ámbitos judiciales, a fin de que escuchen nuestros reclamos y se exija un servicio de justicia sin ciudadanos de segunda. 


 












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