Con el aprendizaje que dejaron los mega incendios forestales del último verano, los técnicos del Splif rionegrino utilizan los meses del invierno para articular acciones de prevención con los pobladores rurales más expuestos.

Al respecto, Nicolás De Agostini explicó ayer la estrategia “de continuar con el trabajo que se venía desarrollando desde hace años en los sectores de interface (viviendas dentro del bosque), aunque cambiando la metodología: ahora es el organismo quien sale a buscar a los vecinos ante la necesidad de redoblar esfuerzos en las tareas imprescindibles para proteger a las propiedades, limpieza de los alrededores y establecer espacios comunes en cada paraje. De hecho, hoy estamos yendo a la Rinconada Nahuelpan con la intención de tener una charla con su gente, ya que hasta septiembre u octubre se puede hacer manejo de la vegetación circundante, según vengan las condiciones climáticas”, aseveró.

“Más adelante, ya en primavera, la propuesta es hacer algunas capacitaciones para que los propios habitantes del lugar estén preparados para un primer ataque en el caso de un fuego o cómo actuar ante un incendio”, agregó. En referencia a los 20 millones de pesos desembolsados por el gobierno nacional para el cometido, De Agostini recordó que “es un proyecto presentado por el Servicio Provincial de Lucha contra Incendios Forestales en el marco de la declaración de emergencia que hizo el Estado rionegrino, y desde el Ministerio de Producción decidieron la necesidad de avanzar con el plan de prevención y mitigación en las áreas afectadas por el fuego. Ahora ya estamos en la etapa de elaboración de presupuestos, donde la premisa es avanzar rápidamente con las compras para frenar los aumentos y que el dinero alcance”, subrayó.

En detalle, el plan incluye la instalación de ocho tanques australianos, ubicados en lugares estratégicos, para ser utilizados en la recarga de los helicópteros y mejorar la eficiencia en el combate contra el fuego. Además, se montarán 30 reservorios de agua de geomembrana, más 18 equipos de primer ataque para grupos de vecinos. De igual modo, el experto consultado precisó que el programa “también prevé ampliar la red de detección temprana, con la incorporación de dos cámaras de vigilancia, equipos de comunicaciones y maquinaria vial para mejorar algunos caminos de acceso”.

A su lado, Jorge Cuevas valoró que “el concepto fundamental a difundir entre los vecinos es la autoprotección, que tomen conciencia de que están viviendo en una zona boscosa y de riesgo generando áreas cada vez más defendibles ante el avance de un foco ígneo”.

Señaló como “los puntos más comprometidos dentro del ejido de El Bolsón” a “lugares icónicos como Villa Turismo y Cerro Amigo, hasta zonas muy complejas como Loma del Medio, Tierra y Dignidad, Entre Árboles, Cerro Saturnino, Rinconada Nahuelpán, Mallín Alto y Mallín del Medio”.

Antepuso como ejemplo que “en Cerro Saturnino, en los últimos años, se terminaron haciendo 30 reservorios de agua, merced al trabajo conjunto de los propios vecinos con el Splif y otras instituciones”.

Tras los incendios “de quinta generación” (donde no hay recursos que alcancen) ocurridos en el noroeste chubutense en marzo pasado, y en respuesta a los criterios en danza para “no permitir nuevas construcciones de viviendas interfase”, desde la óptica de Cuevas “primero hay que tener real dimensión de que tuvimos nuestro propio Valparaíso, California o Australia (eventos de fuego de magnitud superior); pero ello no significa la prohibición explícita de vivir dentro del bosque, sino que con las medidas de seguridad y prevención indispensables es posible levantar un techo en el paraíso elegido”.

Paradigmas

A criterio de De Agostini, los grandes incendios ocurridos “eran un riesgo siempre latente y podían llegar a ser posibles, aunque se veía como algo lejano y no de semejantes dimensiones, donde las pérdidas fueron cuantiosas”.

A partir de ahora, “lo que cambia es el aprendizaje y la manera de ver las situaciones –reconoció-, necesitamos organizarnos de otra manera, incluyendo mejorar las estrategias para enfrentar un primer ataque a las llamas”. Sumó que “también hay que mejorar las técnicas para el desarrollo de un combate extendido en el tiempo. Estamos hablando de eventos excepcionales, por ello tener un plan de recursos humanos para algo que ocurre cada tantos años es insostenible, aunque sí hay que repensar las formas de su abordaje”.


“Hoy sabemos las dimensiones que puede alcanzar y aprendimos muchísimo. Desde entonces, hemos tenido algunas charlas de evaluación y tomamos nota de algunas cuestiones que se pueden corregir”, concluyó.