Soy un hombre de trabajo y cabeza de familia. Tengo una hija de 7 años a mi cargo, de quien soy responsable tanto afectiva como económicamente. Para salir adelante, vendo sahumerios, stickers y piedras, siempre por fuera del predio de la feria. Esto, lamentablemente, me llevó a tener cruces con algunos artesanos, aunque con muchos otros mantengo una buena relación, y nuestros hijos e hijas incluso son amigos.
La situación escaló cuando un grupo de personas de la feria juntó firmas para denunciarme y evitar que pudiera seguir trabajando en el lugar. A partir de esa denuncia, la Justicia resolvió que debía ubicarme a 20 metros del espacio original. Esa decisión fue tomada y cumplida por mí, sin resistencia alguna, bajo el seguimiento del doctor Musillo, del Juzgado de Paz de El Bolsón.
Sin embargo, durante la mañana de un día reciente se presentó un grupo policial con la intención de retirarme del nuevo lugar. Les expliqué la situación judicial y me permitieron continuar. Por la tarde, otro grupo de policías volvió al lugar, tras nuevos llamados de algunos integrantes de la feria. Allí la situación se tornó tensa, había más gente y la discusión escaló.
En ese contexto, una oficial decidió colocarme esposas y llevarme detenido. Yo solo intentaba explicar que estaba trabajando donde la Justicia me había autorizado. También aclaré que estaba a cargo de mi hija, que se encontraba conmigo en ese momento. Nada de eso fue escuchado.
Gracias a la solidaridad de personas que me conocen, mi mercadería fue resguardada y mi hija quedó momentáneamente al cuidado de vecinos. Lo más doloroso de todo no fue solo mi detención injusta, sino que mi hija fue trasladada por el SENAF, donde fue interrogada y revisada, atravesando un protocolo innecesario que le generó miedo y angustia. Es una niña querida, cuidada, no solo por mí, sino por gran parte de esta comunidad.
Finalmente fui liberado de madrugada. Fui detenido por trabajar, por ejercer un derecho constitucional, sin impedir el trabajo de nadie. Mi hija no solo vivió el trauma de ver a su padre detenido, sino que fue violentada en su inocencia al ser sometida a un interrogatorio que jamás debió ocurrir.
Escribo estas líneas para visibilizar nuestra situación. Solo pido trabajar en paz, como lo hago todo el año, en verano y en invierno, como muchos vecinos pueden dar fe. Para que esto no vuelva a pasar, ni conmigo ni con nadie. Porque nadie merece una humillación pública por el simple hecho de trabajar.

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